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El
Comienzo
Corría el año 1536.
Parado en un islote poblado por juncos, en medio de un terreno
pantanoso, frente al Río de la Plata, el indio Cirieme ve
llegar extrañas embarcaciones.
Así comienza
a relatarnos el libro "Historias bajo las Baldosas", y así
lo vamos a resumir en estas páginas.
Cirieme
nos describe el paisaje: hay una enorme y larga barranca que
se pierde en el horizonte. Hacia un costado, un riachuelo
desemboca en el río entre un manchón de árboles y abundantes
juncales, formando un pequeño delta. Desde la altiplanicie
hasta el río hay un gran espacio de lodo con alguna que otra
lagunita formando bañados. La barranca, que varía entre ocho
a veinte metros sobre el nivel del mar, se pierde en el norte,
donde la vegetación se hace más cerrada. La altiplanicie está
surcada por cañadones y varios arroyos, no muy grandes y casi
todos desembocan en el río.
Hoy ese
mismo lugar es la Plaza de Mayo. Debajo de los edificios,
de las calles, podemos descubrir la vieja barranca: Para ir
hasta Leandro N. Alem o Paseo Colón, desde Veinticinco de
Mayo o Balcarce, la bajada es bien empinada. La barranca reaparece
en Plaza Francia y la Recoleta, o desde Plaza San Martín;
también en Barrancas de Belgrano, aunque hacia las calles
3 de febrero y Mendoza disminuye porque allí había una calera.
Desaparece por Pacífico y Plaza Italia (esa zona era el valle
del arroyo Maldonado). La barranca reapaece con toda su altura
en Parque Lezama, tras Parque Patricios, y en el Cementerio
de Flores y Villa Lugano.
Ya no
hay bañados ni lodo: la ciudad le ha ganado tantos terrenos
al río, que hoy una tercera parte de su territorio está formada
por ese espacio anegadizo entre el río y la barranca. Borrados
de la superficie de la tierra, desaparecieron también los
arroyos: los Terceros, el Maldonado, el White, el Vega, el
Ugarteche, el Medrano y otros pequeños que apenas dejaron
como recuerdo una calle que viborea recordando su trazado.
Si observáramos ahora el recorrido del agua en una
lluvia fuerte, veríamos exactamente el camino que recorrían
aquellos arroyos...
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El relieve de Buenos Aires: los colores más oscuros representan los puntos
más altos, los más claros, los más bajos. Cada color representa una curva
de nivel altimétrico. El punto más alto es Villa Devoto, con 28 metros
sobre el nivel del mar
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