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La plaza Mafalda en Colegiales

Una plaza, un mundo

Desde el domingo pasado, la plaza de Colegiales ubicada en la manzana que forman las calles Concepción Arenal, General Martínez, Conde y Santos Dumont, cambió su paisaje. El personaje creado por Quino –y sus inefables amigos y parientes– decora un espacio público ganado al abandono. A la brevedad, sus calles internas lucirán cartelones con leyendas como “Señores perros, cuiden a sus dueños”.

Los bancos de la plaza de Colegiales, que hasta la semana pasada se veían ajados y deslucidos, están decorados ahora con algunas de las memorables tiras de Mafalda. Las viejas paredes también lucen renovadas: es que desde esa superficie amplia, Mafalda, su familia y sus amigos –Susanita, Felipe, Libertad, Manolito, Miguelito y su hermanito Guille– le devuelven la mirada a Buenos Aires. Hay una “Rayuela en el cielo” pintada en el piso, en un espacio en el que los chicos del barrio pueden jugar desde los balcones aledaños. Los colores le ganan al gris, y los carteles, antes de prohibiciones, recuerdan los Derechos del Niño.
La obra, que acaba de ser inaugurada por las autoridades de la Secretaría de Cultura porteña, es un original y sentido homenaje a los míticos personajes creados por el artista gráfico Joaquín Lavado, “Quino”. La caracterización de esta novedosa plaza porteña –ubicada en la manzana delimitada por las calles Concepción Arenal, General Enrique Martínez, Conde y Santos Dumont– corrió por cuenta de la Secretaría de Producción y Desarrollo Sustentable. El objetivo de reinstalar este espacio público como una referencia cultural de la zona y promover la participación de vecinos e instituciones en la promoción de la obra del artista escogido parece, desde ya, ampliamente cumplido, sobre todo para quien se tome el trabajo, o se dé el placer, de recorrer esa zona del barrio de Colegiales
La “Plaza Mafalda” es parte del proyecto Plazas Caracterizadas, en cuyo marco ya se rindió homenaje a personalidades de la talla de Enrique Santos Discépolo, Roberto Goyeneche, Rodolfo Walsh y Roberto Arlt, a quienes les fueron dedicadas la remodelación y decoración alusiva de otras plazas y paseos de la ciudad de Buenos Aires.
La “Plaza Mafalda”, a cuya inauguración asistieron dos mil personas, fue declarada Primer Espacio Turístico Infantil de la Ciudad, en tanto el mendocino Quino resultaba nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, donde vive hace muchas décadas, desde antes que en los tempranos 60 su mejor creación se convirtiera en famosa. Más de cuarenta años después de sus primeras tiras, Mafalda sigue siendo el personaje argentino de historieta más popular en el país y uno de los más festejados en el mundo entero, con fans como el semiólogo Umberto Ecco, autor de un celebrado ensayo sobre su valor en el imaginario mundial. 
Quino, que no es ningún afecto a los homenajes, y más bien suele rehuirles, fue uno de los más divertidos y emocionados en la inauguración. El tributo a sus personajes, en una iniciativa pública destinada a los chicos, lo puso de un ostensible buen humor.
A diferencia de otras plazas caracterizadas, en ésta no hay esculturas: los personajes se presentan sobre superficies planas. Los responsables obraron así por pedido del propio Quino, nunca del todo conforme con las corporizaciones de sus criaturas. En poco tiempo más, esta nueva atracción de Colegiales, un barrio de moda en Buenos Aires, presentará letreros que no se parecerán a los de ninguna otra plaza del mundo. Es que, en la línea del humor inteligente de Quino, rezarán: “Señores perros, cuiden a sus dueños”.

La historia de Mafalda

Mafalda nació en 1963, cuando el dibujante mendocino Quino la ideó para una publicidad de electrodomésticos. Al año siguiente, hizo su primera aparición pública en el suplemento de humor de la revista Leoplán. Paseó luego por Primera Plana y El Mundo, y en 1968 llegó a Siete Días acompañada por su familia, los inefables amigos y Guille, su hermanito recién nacido. Su entorno familiar daba cuenta de los rasgos y problemas típicos de la clase media argentina de entonces, mientras que sus amigos (Susanita, Libertad, Manolito y Miguelito) representaban diversas y marcadas personalidades. Ella, Mafalda, debe su nombre a una nena que trabajaba en la película Dar la cara, basada a su vez en un libro de David Viñas. Mafalda, cuyo paisaje urbano estaba inspirado en una zona de Montserrat, la esquina de Chile y Perú, fue la única tira que Quino realizó con personajes fijos. Con sus comentarios ácidos y sus preguntas certeras, Mafalda marcó a varias generaciones. Sus ideas siguieron identificando gente incluso después de que la tira original dejó de salir, en 1973.

Publicación: 24 de agosto de 2005