La entrevista fue realizada en el marco del Seminario Internacional organizado por el Ministerio de Educación el 28 y 29 de noviembre de 2003 bajo el título: "La Formación Docente entre el siglo XIX y el siglo XXI"
¿Cómo definiría el contexto en el que se inserta la escuela hoy?
Uno de los efectos del contexto actual tiene que ver con el vaciamiento cultural y la banalización de los saberes que muchas veces se hacen circular. Se pone todo al mismo nivel. Nada puede cobrar relevancia ni recortarse sobre ese fondo pulverizado. Este momento nos enfrenta a cosas nuevas y, al mismo tiempo, hace aparecer cuestiones que creíamos superadas, como la pobreza. Si uno no recuerda, está condenado a repetir.
¿Qué impacto tiene esta situación en la función de la escuela?
La escuela es el abocadero de todas las demandas y con ello hacemos resurgir el modelo "asilar", sólo que en lugar de llamarlo asilo lo llamamos escuela. No se trata de estirar la escuela hasta que desaparezca transformada en el asilo posmoderno, sino de ver cómo recupera la función de tramitación democrática de las herencias culturales.
¿Cómo se puede destrabar esta tensión?
Muchos "educadores sociales" pueden convocar a estos grupos de chicos y comenzar el trabajo educativo con otras perspectivas. El objetivo siempre es reintroducirlos en las escuelas, que son el lugar de tramitación de las herencias culturales.
¿Por qué cree que es la escuela la que opera como "asilo posmoderno" y no otras instituciones?
Por la declinación de las funciones de la familia, que es la otra institución creada por la modernidad para encauzar las infancias. No es suficiente una institución pública. La escuela debe ser fortalecida, insertándose en redes que coadyuven al trabajo de socialización y de educación de las infancias. Se trata de tejer ofertas, recursos y servicios para que los chicos no caigan en el agujero. Porque o están dentro de la escuela o están fuera de toda posibilidad de ejercer sus derechos y deberes: no hay espacios intermedios.
En este escenario de desapropiación cultural, ¿la escuela puede constituirse como espacio de resistencia?
Creo que sí, que debe serlo. Y creo que no le compete hacerlo en soledad, no es justo. Compete a lo público la responsabilidad de organizar la función de esta articulación de la escuela en su territorio con otros actores, otras instancias sociales, económicas, culturales.
¿Qué relación se debe dar entre docente y alumno en esta tramitación de las herencias culturales?
Lo mejor que puede hacer un maestro es estar atento a sus chicos, más allá de lo que se diga de ellos: "el niño, su situación, su historia, sus emociones..." ¡Dejen eso de lado! Basta que la asistente social traiga el informe familiar de Juan Pérez, para que contamine a ese maestro que se pone anteojeras y ya no ve. Se supone que ya sabe todo: no espera absolutamente nada de ese chico, y menos aún una sorpresa. Juan está sentenciado, construido y cimentado.