Los niños se revolucionan cuando Hilda, una de las maestras de primer grado lee el cuento del pajarito Piú Piú. A los gritos, relatan la parte que más les gustó, la que los hizo reír. El comienzo y el final. Luego, escriben sus producciones y, opulentos, las muestran: uno cambió el principio. Otro, los personajes. El juego -libre- permite a cada uno reconstruir su propia historia. Ya en diciembre, los chicos de 1º grado de la Escuela N° 10 del Distrito Primero saben escribir: juegan al tuti-fruti, arman sus propias palabras con letras sueltas y re-narran los cuentos relatados por sus maestras.
Trabajar la enseñanza de la lengua escrita fue el objetivo fundamental de la capacitación iniciada en abril de 2003. La intención era trabajar respetando los distintos procesos de construcción de los alumnos. "No sólo se apuntó a la construcción de la lengua a través de procesos cognitivos, -explica la capacitadora Carmen Fusca- sino también a legitimar el intercambio y el error. Se trabajó en torno a la noción de apoyo".
Fusca valora el compromiso de las maestras, quienes luego de muchos años se animaron a poner a prueba nuevas formas de enseñar. La preocupación por el desinterés de los chicos y las "dificultades" en el aprendizaje de ciertos grupos, que no podían avanzar a pesar de las reiteradas ejercitaciones, le fue cediendo espacio a la satisfacción por encontrar que quienes hasta hace poco no podían, hoy disfrutan con las palabras, con la posibilidad de escribir.
Durante varios meses, los docentes acercaron a los alumnos a la cultura escrita. Envueltos en esa relación, descubrieron las funciones de la lengua y las características del sistema de escritura. Varios de los que estaban destinados a repetir el grado ahora escriben sus propios cuentos. Además, están más incluidos en el grupo y hacen un importante esfuerzo por mejorar sus trabajos, un intento que es reconocido por las maestras.
El proceso de escritura es compartido con toda la escuela. La maestra entrega dibujos a los chicos de Preescolar. Ellos piensan historias y las relatan. Sus compañeros más grandes escuchan y re-narran. La re-narración de los cuentos por parte de los chicos es fundamental, apunta la capacitadora, tanto en su dimensión cognitiva como social. Por un lado, se reorganiza el cuento y se reconstruye el significado manteniendo el sentido del relato. Por el otro, la construcción es apropiada y armada grupalmente. La interacción con la maestra y con otros chicos empieza a incorporarse al trabajo cotidiano. Mirta, otra maestra de primero, muestra con orgullo los trabajos de sus alumnos. "Mirá. Este chico antes no lograba hacer esto -cuenta-. Ahora se expresa mejor y participa más".