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El Observatorio de Industrias Culturales OiC edita los Suplementos del Boletín Electrónico con el
propósito de difundir informes que por su extensión o necesidad de análisis escapan a los temas que el propio boletín
trata mes a mes. En esta oportunidad queremos acercarle al lector un análisis de las políticas públicas hacia las Industrias
Culturales en Québec y Canadá, hecho por Claude Martin, (Profesor, Departamento de Comunicación, Universidad de Montreal; miembro
del Comité de Investigación Universitaria del Observatorio de Cultura y Comunicaciones de Québec y del Comité Consultivo
Nacional de Estadística Cultural de Estadística Canadá.) preparado especialmente para el OiC a partir de la visita que
realizo a Buenos Aires en el mes de marzo de este año.
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LA REGULACIÓN DE LA DIFUSIÓN DE LOS PRODUCTOS MUSICALES Y CINEMATOGRÁFICOS EN RADIO Y
TELEVISIÓN EN QUÉBEC Y CANADÁ
Por Claude Martin
Canadá y Québec constituyen casos
interesantes para el análisis de los vínculos entre les políticas culturales y los resultados de las industrias culturales. De
manera general, podemos afirmar que sus respectivos gobiernos intervienen activamente en la orientación de las industrias culturales y que sus
intervenciones constituyen uno de los factores del buen desempeño de estas industrias. Aquí pretendemos resumir estas
políticas.
Contexto cultural y político
Canadá está compuesto por varias
provincias y “territorios” repartidos sobre una vasta extensión, pero su población reside esencialmente cerca de la frontera
con Estados Unidos. En una de sus provincias, Québec, el 82% de la población es francófona, mientras que las otras provincias son
predominantemente anglófonas (salvo Nueva Brunswick con un tercio de francófonos, los Acadienses). La población anglófona
de Canadá comparte muchas características culturales con Estados Unidos, mientras que el idioma francés constituye un factor de
identidad distintivo en Québec. El consumo cultural de los Canadienses anglófonos en numerosos aspectos se asemeja al de la
población de Estados Unidos, mientras que el de Québec se diferencia, por ejemplo en lo concerniente a los productos culturales
exitosos.
La estructura económica de las industrias culturales en Canadá implica la separación casi completa entre
las empresas y organismos francófonos y anglófonos. La estructura política de este país permite a las provincias y al
gobierno federal intervenir a la vez en el dominio cultural. El gobierno de Québec cuenta con su ministerio de Cultura y Comunicaciones y el
gobierno de Canadá posé un ministerio denominado Patrimonio canadiense (Canadian Heritage). De manera general, los dos colaboran con la
implementación de políticas relativamente similares. Un ejemplo reciente de esta colaboración, reside en la campaña que
tendió a promover la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la
UNESCO.
Principios generales
Los dos niveles de gobierno, Québec y
Canadá, consideran que la intervención del Estado en el terreno cultural está justificada (pero la reciente llegada al gobierno
del Partido conservador en Ottawa, más a la derecha que el precedente, podría modificar las cosas). Los argumentos detrás de esta
posición son, al mismo tiempo, políticos, culturales y económicos. Los medios son considerados como esenciales para la
definición de una identidad cultural, determinante ésta de la identidad política. Subrayamos aquí que Québec se
considera oficialmente como una “nación” en un Canadá binacional, mientras que muchos Canadienses ven a su país como
una sola nación. El sistema público canadiense de radio y televisión (Canadian Broacasting Corporation / Sociedad
Radio-Canadá) ha podido servir a estas dos definiciones. Estuvo concebido en sus orígenes como un instrumento para diferenciar
Canadá de Estados Unidos. Pero también fue, históricamente, uno de los crisoles de la identidad de Québec
francófona, ya que sus redes anglófonas y francófonas son bien distintas.
El argumento cultural podría resumirse en la necesidad de atenuar los mecanismos del mercado en el caso de los
productos culturales. La particularidad canadiense y de Québec aquí consiste en aplicar este argumento a los productos de la cultura
popular, los que en la óptica estadounidense se verían como el entretenimiento (entertainment) y entonces se tratarían como
mercancías sin valor particular o artístico.
Por último, el argumento económico apareció en los años setenta, mientras que los Gobiernos
comenzaron a considerar la producción del conocimiento o la información como un nuevo motor del desarrollo económico. Es decir,
la cultura crea empleos. Sin embargo, aquí es necesario tener en cuenta que en Canadá y Québec existe un debate sobre la
intervención del Estado en el ámbito cultural, que también encuentra partidarios de la no intervención, quienes consideran
que estas políticas imponen a los consumidores productos culturales que ellos no querrían.
Las políticas culturales relativas a los medios de comunicación electrónicos (de radio y
televisión sobre todo) se basan en un fundamento jurídico particular: los poderes asociados a la atribución de licencias, una
prerrogativa del Gobierno federal. En los otros ámbitos culturales, el fundamento jurídico central es el de la libertad de prensa y
expresión. Entonces, hay ausencia de licencias y libertad jurídica que permita fundar una empresa de producción, lo que implica
un reglamento oficial menos vinculante.
La producción musical y cinematográfica es completamente libre, desde un punto de vista jurídico, si se
hace excepción de las disposiciones relativas a la protección de las reputaciones, a la prohibición de algunos tipos de
violencia, etc. Sin embargo, la radio y la televisión se imbrican fuertemente con los sectores de las industrias del cine y de los fonogramas.
Entonces, la intervención oficial vuelve de nuevo a la antesala.
Finalmente, destaquemos que las diversas industrias culturales son objeto de políticas relativamente similares y que
las series televisivas reciben un apoyo equivalente a los largometrajes. Además, se puede decir que la producción de las series y los
largometrajes dependen de una sola industria.
Poderes vinculados a las licencias de radio y televisión
La radio y televisión son reguladas por el
Consejo de radiodifusión y telecomunicaciones canadienses (Canadian Radio-Television and Telecommunications Commission -CRTC). La ley estipula
que los difusores deben ser de propiedad canadiense, respetar las normas de contenido canadiense mínimo y ofrecer a los productores y a los
artistas canadienses algunas ventajas. En general, las emisoras de televisión deben poner en la antena 60% de contenido canadiense y las
estaciones de radio deben difundir al menos un 35% de contenido musical canadiense.
En el caso de la televisión, las redes y las estaciones también deben precisar al CRTC, en audiencias
públicas al momento de recibir su licencia, el tipo de programación que van a ofrecer. En consecuencia, el CRTC evalúa su
resultado. En parte, estas normas vienen a contradecir la tendencia a evitar algunos géneros costosos o a comprar emisiones en el mercado
exterior, ya que es mucho más costoso producir o hacer producir en Canadá que comprar (en Estados Unidos), especialmente, en el caso de
las series televisivas.
En el caso de la radio, estas normas vienen a contradecir la tendencia a presentar prioritariamente éxitos
internacionales que los difusores dicen ser los preferidos por sus audiencias. Para la radio, se trata, de una política indirecta de apoyo a
los productores canadienses y de Québec. Al aumentar la exposición de los productos locales, se favorecen las ventas de discos. Los
artistas y los productores audiovisuales o musicales consideran que estas "cuotas" son esenciales para su supervivencia.
Los sistemas de difusión como el cable coaxial y los servicios por satélite deben seguir una política de
contenido canadiense. Deben equilibrar la oferta de canales canadienses y extranjeros, favorecer los canales canadienses en la estructura de su oferta
y sustituir incluso la señal canadiense cuando una estación canadiense difunde un contenido procedente del extranjero (lo que significa
en realidad, difundir los segmentos publicitarios vendidos por la estación canadiense más bien que los de las estaciones extranjeras).
Por otra parte, las redes, las estaciones y los difusores se comprometen a contribuir con fondos dedicados. Por ejemplo, las empresas de
distribución por cable depositan sumas en un fondo destinado a la producción de emisiones de televisión, mientras que las
estaciones de radio hacen lo mismo con fondos destinados a la producción de discos. Además, los titulares de licencias deben respetar
las ordenanzas relativas al pago de los derechos de autor. Por ejemplo, las estaciones de radio pagan a sociedades de gestión colectiva de
derechos una parte de sus rentas.
En resumen, el CRTC aprovecha su poder para pedirles a los titulares de licencias que contribuyan al desarrollo de la
producción, a un nivel superior a aquél que adoptarían, en caso de que las consideraciones económicas fueran las
únicas tenidas en cuenta. Sin embargo, no existe equivalente a este sistema para las salas de cine, ni para los distribuidores de
películas o vídeos, ni para la distribución de los fonogramas.
Apoyo financiero a la producción
Los productores de largometrajes, series televisivas o
fonogramas, evolucionan en un mercado relativamente pequeño, considerando los costos de producción en vigencia en Canadá y en
sociedades comparables. En televisión, las rentas publicitarias son suficientes para cubrir los gastos de varios géneros televisivos
(juegos, información, deportes, etc.), pero generalmente, no permiten cubrir los costos de las series de ficción televisivas (con
actores, etc.).
Para los anglófonos, el problema se agrava, debido a la tendencia a comparar las producciones canadienses con las
procedentes de Estados Unidos, a menudo más costosas. Esto es aún más cierto para los largometrajes, a pesar de contar con
presupuestos mucho menos costosos que los de Hollywood. La estrechez del mercado es más apremiante para los francófonos. Esto vale
también para los fonogramas, aunque sea más fácil controlar los costos.
Los Gobiernos desarrollaron un sistema que incluye numerosas fuentes de financiación, a veces privadas, pero
generalmente alimentadas por los caudales públicos. Varios organismos prestan, por lo general sin esperar reembolso, u otorgan recursos
financieros a la casi totalidad de las producciones. Entre las más importantes de estas instituciones, podemos citar a Telefilm Canadá,
un inversor cultural en cine, televisión, música y nuevos medios de comunicación y la Sociedad de desarrollo de las empresas
culturales (SODEC), un organismo del Gobierno de Québec que financia a todos los sectores culturales. Además, cada Gobierno ofrece
programas de créditos de impuestos para la producción audiovisual y musical, otra forma de subvención.
Protección de la lengua francesa
La lengua francesa es objeto de disposiciones
particulares, por parte de los dos niveles de Gobierno. Las estaciones de radio francófonas orientadas hacia la música popular deben
difundir, al menos, un 65% de las canciones en francés (de Québec o de otra parte). En Québec, el número de copias de
largometrajes en inglés destinado a las salas de cine se limita, lo que fuerza a los distribuidores a hacer postsincronizar en francés
estas películas. Sin embargo y paradójicamente, esta traducción permite un acceso más fácil a las películas
originalmente en inglés.
Políticas y resultados
En 2002-2003 los gastos de los Gobiernos en
Canadá en el ámbito cultural alcanzaron 7,1 mil millones de dólares canadienses (algo menos de 6 mil millones de dólares),
para una población de algo más de 30 millones de personas. La mayor parte de estos gastos se destina al sistema televisivo para la
televisión pública y la ayuda a la producción de emisión. Los resultados son más interesantes del lado
francófono. Las cuotas de mercado de los productos de Québec son más elevadas que las de los productos anglófonos en las
provincias anglófonas. En parte, esto se explica por el esfuerzo suplementario realizado por el Gobierno de Québec en el apoyo a sus
industrias culturales. Pero también, por las características culturales de su población, las estrategias de los artistas y
empresas culturales en Québec y por las estrechas relaciones entre los Gobiernos y las agrupaciones de artistas y empresas.
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