Inclusión de las Tecnologías

logo-RedEs.gifA pocos días para comenzar un nuevo ciclo escolar los medios–como todos los años– recuerdan la existencia de las escuelas, los niños, los jóvenes y los docentes.

Este es el momento propicio para publicar las notas clásicas de este mes, que varían entre el costo de la canasta escolar, el peligro del inicio de las clases o, una vanguardista sobre los blogs como una nueva herramienta para el aprendizaje.

Por suerte están los blogs, en donde encontramos material interesante para leer y compartir.

Por ejemplo, la entrevista a Nigel Barlow sugerida por Cristóbal Cobo Romaní en donde el entevistado afirma que “La mayoría de la educación está dirigida a perpetuar el pasado, más que a inventar el futuro”.

Esta intención de perpetuidad inmutable de la mayoría de las escuelas es comprobada muchas veces por quienes trabajamos promoviendo el uso de las nuevas tecnologías en las escuelas, en contacto cotidiano con docentes y alumnos, cuando la escuela deja de ser un escenario virtual para transformarse en el lugar real en el que la tensión entre lo establecido y las expectativas de la sociedad es permanente. Y en donde el imaginario y los mitos caen de la misma manera.

Por ejemplo, si los estudios –y los estudiosos–dicen que los nativos digitales saben más que sus docentes, la experiencia de trabajo nos invita a aclarar que esta afirmación es una verdad a medias. Es cierto que los alumnos manejan las herramientas mucho mejor que sus docentes, pero en la mayoría de los casos son estos últimos quienes aportan sentido a las destrezas.

Retomando la afirmación de Barlow, debemos rescatar a esa minoría de docentes que se atreve a desafiar lo establecido y propicia la curiosidad y con ella, la creatividad.

Es cierta la presión de la estructura escolar por permanecer vigente con mandatos del siglo XIX. Pero también lo es que la llegada de las nuevas tecnologías irrumpe y puede transformarse en una oportunidad para redefinir la escuela, para aportar sentido al uso de las tecnologías y propiciar una participación creativa, crítica, colaborativa y construida por alumnos y docentes.

En las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires hay docentes comprometidos en trabajar con sus alumnos para inventar un futuro posible, docentes que promueven —por ejemplo– la incorporación de celulares para realizar poesía colectiva, para realizar fotonovelas, que utilizan los blogs como espacio de lectura y escritura, que enseñan Geografía e Historia con Google Earth y que experimentan nuevas maneras de enseñar y de aprender.

Si está instalada la idea generalizada de que en la escuela “no pasa nada” en nuestras escuelas públicas encontramos siempre excepciones con docentes comprometidos con los alumnos, que trabajan para y con ellos, que intentan abrir la escuela para que sea un espacio posible en donde acortar brechas, crear ciudadanía, discutir sentidos y habilitar un espacio en donde la palabra circule para que los adolescentes encuentren su propio lugar. Tarea difícil, pero no imposible.

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