25 DE MAYO: LA ESCUELA Y LOS ACTOS.
Las fechas patrias ponen en evidencia el tratamiento que se hace en las escuelas de los acontecimientos históricos de nuestro país. Si en los primeros tiempos de la Argentina se trató de construir y resaltar la figura de los héroes que participaron en las luchas por la independencia y luego el objetivo fue la construcción de un nacionalismo que integrara a los hijos de inmigrantes a la historia del país, entonces cabe preguntarse cuál es construcción sobre la historia que se realiza hoy en nuestras aulas, en particular al trabajar las efemérides.
En alguna oportunidad destacamos la pertinencia de las instituciones que hacen de los actos escolares una situación pedagógica y otorgan sentido a una jornada que, de otra manera, corre el riesgo de ser sólo una cita de fechas y nombres ajenos y lejanos a los alumnos, más parecidos a la dinámica de los actos escolares del siglo XIX que a la del siglo XXI.
Trabajar con TIC brinda – entre otras ventajas–la posibilidad de acceder a información variada y de calidad al alcance de quienes estén dispuestos a interpelarla. Quienes trabajamos en la Red de Escuelas creemos que la escuela hoy tiene la obligación de estimular la curiosidad de los alumnos, invitarlos a dudar, a cuestionar aquello que se les ofrece como una verdad consumada.
El 25 de mayo es una de las fechas que invita a realizar lo antedicho y a analizar los hechos de manera crítica que sirva tanto para analizar el pasado como para permitir explicar el presente. Un texto apropiado, documentos históricos, material preparado para la festividad patria, todo se presta para hacer de ésta una gran ocasión que permita volver a instalar en la escuela el lugar que aporte la diferencia, que brinde herramientas a los alumnos para moverse en un mundo en el que la característica es el exceso de información y la poca voluntad de la sociedad de cuestionarla.
Es en la escuela y con los docentes donde los alumnos pueden transformar la información en conocimiento. Es en la escuela en donde los alumnos deben aprender a validar las fuentes y descartar lo que no es importante. Pero siempre, insistimos, debe haber trabajando –junto con el alumno– un docente comprometido, que permita devolverle a la escuela el lugar preferencial en donde el alumno descubra que aprender es mucho mejor que no hacerlo y que el conocimiento es un derecho, más que una obligación.



