Una vueltita más

Hay un conocido acertijo de pensamiento lateral que dice así: Tenés atrás tuyo un toro, seguido por una autobomba, seguido por un auto de policía, y todos se mueven a velocidad constante. ¿Por qué? Elemental, Watson de las pampas: porque estás en una calesita.
Para los porteños previos a la generación de los videojuegos, no existe representación de la infancia más acabada que la calesita, esa ronda sin fin donde uno puede, efectivamente, desplazarse a velocidad constante siendo seguido -pero no perseguido- por un toro, una autobomba, un auto de policía. Donde se puede elegir entre montar un caballo, una moto o un cohete: los tres -si tenemos suerte- se moverán del mismo modo, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, mientras la calesita toda gira lentamente. Se trata de un mundo seguro, sin amenazas, que se desliza al ritmo de una canción infantil. La calesita es casi el paso siguiente a ser acunado en un moisés.
Cuando somos más grandes, buscamos esa misma sensación en objetos que se mueven de un modo más autónomo, como los autos de verdad, que permiten avanzar viendo pasar la cinta del paisaje por la ventana. Nos dicen que, a diferencia de la calesita, el paisaje cambia, pero cualquiera que haya andado un par de horas por las rutas pampeanas sabrá desconfiar de este sospechoso enunciado.
Otra diferencia entre la calesita y el resto del mundo es que aquí afuera no hay sortija que agarrar. Es decir, está lleno de sortijas: el aumento de sueldo de fin de año, el premio que te da la tarjeta por acumular puntos… pero ninguno es tan honesto ni tan inmediato como la sortija de la calesita: si la agarrás, tenés derecho a una vuelta más. Esa felicidad simplísima de la última vuelta ganada por uno mismo tiene poco parangón en la vida adulta.
Buenos Aires es reconocida como una ciudad de calesitas. Este juego llegó de Europa de la mano de inmigrantes franceses e italianos a fines del siglo XIX; la primera calesita -llamada, como en España, “tiovivo”- se instaló en la actual Plaza Lavalle, justo enfrente de la vivienda de Domingo F. Sarmiento. Un tiempo después, ya en el siglo XX, comenzaron a fabricarse artesanalmente en el país. Para la década del 50, cada plaza de cada barrio de la ciudad tenía ya su calesita.
En la década del 90 las calesitas languidecieron; su número bajó hasta 24. Pero los vecinos las defendieron con uñas y dientes, y lograron que se las reconociera como una parte fundamental de la ciudad. Hoy hay más de cincuenta calesitas funcionando, en casi todos los barrios de la ciudad. Este 25 de noviembre, la Legislatura sanciona la ley 2554, que declara a treinta calesitas como Bienes del Patrimonio Cultural de la Ciudad. Esto significa que las calesitas, como todo el patrimonio porteño, pertenecen a los ciudadanos, y por lo tanto deben ser cuidadas y protegidas.
¿Te gustan las calesitas? ¿Las usás cotidianamente? ¿Cuál es tu favorita?





Diciembre 5, 2008 a las 14:15
todavia recuerdo mis vueltas en la calesita de la Plaza Pueyrredon…
sacar la sortija era toda una hazaña!!! y que felicidad te daba!! mostraba la sortija feliz de haberla sacado con una sonrisa que no cabía en mi cara!!
hoy recuerdo aquellos días cada vez que llevo a mi sobrino que disfruta tanto como lo hacía yo!!
Diciembre 5, 2008 a las 15:55
¡¡dios mío!!! ¿¿¿por qué la calesita inspira tanto sentimentalismo barato de infancia dorada???? digámoslo de nua vez: cuando éramos chicos íbamos a la calesita porque no había play station!! hoy es mucho más divertido ser pendejo.
Diciembre 5, 2008 a las 16:41
la sotija fue siempre esquiva en mi niñez. ¿no es posible que la yapa sea tomar un helado y comer una pizza (o al revés)?
Diciembre 10, 2008 a las 17:08
Yo fui toda mi infancia a la calesita del parque avellaneda y el trencito que habia en ese mismo parque.
Diciembre 15, 2008 a las 21:02
si el programa de una vuelta mas fue una buena idea ,quisas la mayoria lo disfrutaron cosa que en mi caso no fue asi porque fui con mis nenes al parque de los andes ubicado en chacarita cuando presentamos los pases no me sirvieron por que el requisito era que debia tener el sello de donde nos las dieron, en el caso de un pariente fue a otro lugar y no tubo ningun inconveniente quisiera saber si alguien mas le paso algo parecido gracias
Diciembre 16, 2008 a las 16:06
yo también iba al Parque Avellaneda de chico. La otra vez llevé a mi sobrino y sigue estando el mismo señor calesitero, o como se diga. Es mas mi madre hasta hace pocos años llevaba a sus alumnos de jardín de infante una vez por año a la calesita del parque Avellaneda. Muy lindos recuerdos.
Diciembre 17, 2008 a las 20:12
ir los días de semana a la tarde a La calesita de la Estación de Villa Urquiza era mi ideal de paseo junto con mi tía Angelita . Hoy no dejo de llevar a mis hijas a la Calesita de Parque Lezama cada vez que puedo, disfrufan increiblemente y pasamos hermosas tardes en familia junto con mi marido. Cantan, bailan sacan la sortija y la sonrisa permanente que tiene es increíble. Son los momentos que siempre voy a recordar.-
Marzo 8, 2009 a las 14:17
es inborrable para mi la plaza devoto y su calesita enfrente, donde yo despues lleve a mis hijas y sobrinos,y hoy llevo amis nietos.nosotros si teniamos niñez, hoy los chicos no pueden jugar en la calle ,ni andar en bici,ni a la rayuela.mi infancia era sin temores de mis mayoresy no teniamos” play”
Marzo 16, 2009 a las 19:53
de chico iba a la calesita de cabrera y anchorena, y el calesitero era un boton. Recuerdo tener la ilusion de ganarme “otra vuelta mas” , pero el turro levantaba la mano y me dejaba sin vuelta.
Comparto con Heidy, que triste es ver que los chicos pierden horas y horas, enfrente de un entretenimiento improductivo (en la mayoria de los casos)
Abril 17, 2009 a las 21:40
Alguien sabe como se llamaba la pera de madera que sostenía la sortija
Mayo 19, 2009 a las 19:09
hola alguien sabe donde puedo comprar una sortija de calesita? chau y gracias
Julio 23, 2009 a las 16:01
quiero comprar una pera de calesita ya que tengo la sortija.
silvana
Septiembre 2, 2009 a las 18:01
nesecito saber cuales son las instrucciones para agrarrar la sortija